2015
Olfato, en tiempo y lugar. A 50 años de Antiestética
Centro Cultural Haroldo Conti
Lugar: Centro Cultural Haroldo Conti
Artistas: Luis Felipe Noé
Año: 2015
Curadores: Cecilia Ivanchevich
“Olfato: sagacidad para descubrir o entender lo que está disimulado o encubierto" (DRAE)
En sus primeros años, Luis Felipe Noé trabajó como muchos artistas siguiendo una forma lineal histórica, describiendo a través de su estética un cada hecho histórico como una línea de tiempo en su propia obra. Sin embargo, luego del año 1962, Noé asume un compromiso político al hacerse un replanteo/relectura de la situación mundial y que él supo traducir en estéticamente a través de su obra pictórica y que toma forma literaria en 1965 con la publicación de su libro “Antiestética”. Es así como la obra de Noé posee una fuerte lectura e interpretación de la política internacional y los sucesos históricos de los últimos 50 años.
Los hechos históricos en los que se enmarca la vida de Noé, van, en el plano internacional desde la 2da guerra mundial, la Guerra Fría, el Comunismo y su caída; en Argentina Noé atraviesa las distintas etapas del peronismo, las dictaduras y posteriores variables de la democracia. Fue testigo de hechos históricos que determinaron en la realidad actual y al vivir ese proceso de "quiebres" y "tensiones" sumado a su a su naturaleza sensible y curiosa se vio impulsado a desarrollar su obra plástica y literaria (quizás indivisibles) en lo que él mismo da a llamar "teoría del caos".
En 1965, a partir de estas primeras experiencias escribe en su libro Antiestética conceptos sobre una estética creativa y su entendimiento del caos como clave para llegar a ella:
“Nuestra sociedad carece de la idea de orden como equilibrio y como hecho estático, de una multiplicidad polémica. Puede ser un todo. Un todo con elementos que tienen relación entre sí, una relación caótica pero relación, al fin. Esta relación constituye una estructura, una estructura del caos.”
Treinta y nueve años después Noé se replanteó, en su libro Noescritos, sobre eso que se llama arte, el caos como una estructura interna en permanente cambio. En su “teoría del caos” Noé simboliza el paso de la modernidad a la posmodernidad, ese particular proceso de reajuste que él no lo leyó como un desorden, sino como una vitalidad de cambio, propia de quién presiente un nuevo mundo. En 2015, ya a sus 82 años Noé postula:
“Decir ‘creo en el caos’ es un acto de fe, no de razón. Sin embargo, no se puede tener fe en el caos –el gran devorador de postulados–, y si formulo este convencimiento es porque, a su vez, lo considero el gran aglutinador de lo heterogéneo, lo cual no deja de ser un acto racional. Es el orden de lo que eternamente está en estado de transformación. ‘Creo en el caos’ significa: me interesa la eterna transformación de la vida.Y para un arte estático como la pintura, esto es un desafío. Pero en tiempos complejos y acelerados como los que nos ha tocado vivir, creo que es necesario asumir el caos para lograr la imago mundi de hoy.”
Sus obras se titulan de manera tal que generan en el espectador no sólo complicidad sino también la necesidad de remitirse al momento en que fueron pintadas las piezas. Por ejemplo, obras como "Esto no tiene nombre III" , que él pintó en 1976 durante su estadía en Paris, y en la que percibe, más allá de la distancia transatlántica, los sucesos que en Argentina se harían públicos muchos años después. En esta obra se ven fragmentos de cuerpos sin vida siendo arrojados por desde el aire, al igual que lo hicieron los militares en la época de la Dictadura Argentina.
Otro ejemplo es "¿A dónde vamos? o Presente" (1964), donde Noé manifiesta su curiosidad y desconcierto ante la latencia de la actividad peronista frente a la fracasada operación retorno. Esta misma cuestión se evidencia también en su obra "El ser nacional" (1965), donde la tensión inmanente en la construcción de la identidad nacional es plasmada por el artista en una instalación que justamente genera yuxtaposición de planos y aparentes rupturas. En 1996, ya con referencia al clímax del efervescente neoliberalismo y los sistemáticos indultos durante el gobierno de Menem, Noé crea obra que podría nombrarse entre las pocas literalmente de protesta "Aquí no pasó nada".
Pero la alusión geográfica no queda en el mero nacionalismo, sino que trasciende a la Argentina para plasmarse en su pasión por la frondosidad y riqueza del continente y la dinámica Latinoamericanista. Expresadas en obras como "La naturaleza de América" (1975) y "Recorrido amazónico" (1981) y "Naturaleza de la naturaleza" (1985) donde Noé no sólo apunta a la descripción botánica, sino que utiliza a ésta en forma simbólica para describir su percepción de la urgencia del ser latinoamericano.
En este sentido, en este relato curatorial se incorporan casi cincuenta obras que ilustraron entre 2008 y 2009 el texto del escritor uruguayo Eduardo Galeano "Memorias del fuego" y que fue publicado en fascículos por el diario Página 12. En estas ilustraciones Noé vuelve a vincularse con la historia latinoamericana y pone de manifiesto la relación entre la necesidad de narrar a través de elementos plástico el relato escrito y sin dejar de lado la expresión a través del propio lenguaje visual.
Termina el recorrido histórico en esta exposición con "Al día de hoy" (2014), obra que podría decirse parece un balance agónico reflexivo acerca de la crisis económica mundial. En esta pieza Noé converge con fuerte tensión y naturalidad una categórica figuración emergiendo de una estructurada abstracción, muy característica en su obra de este nuevo milenio y que dan a esta obra ese clima ambiguamente lánguido y potentemente desesperado, sin llegar a ser apocalíptico.
Luis Felipe Noé se define a sí mismo como un "escéptico optimista", es decir, alguien que siempre estuvo seducido, desde las certezas, por la contradicción como factor inherente al ser humano, el cual se encuentra con la reinante y la arbitraria inestabilidad, ambas como punto de partida en una extasiada relación contemporánea.
Es así que Luis Felipe Noé olfatea su contexto histórico y lo transforma en una relación dialéctica plástica. Es decir, cuenta la historia a través de una estética propia, que, al igual que la historia que cuenta, rompe con reglas y las tensiona para asumir, al menos plásticamente, al caos como estructura.
Cecilia Ivanchevich.